Sobre
Héctor Ladislao
Había una vez una familia muy feliz, dentro de ella estaba yo, lo tenía todo, mis 4 abuelos y abuelas, los del lado de mi papá son: la Nanita y el Tatita, y los del lado de mi mamá: la Lelita y el Leloman. Mis papas son Silvia Ledesma y Antonio Tapia, mis primos se llaman: Mino, Mariam, Abdo, Pricsilla y Lula. Claro que no eran las cosas materiales las que me importaban, y tengo un hermano que es muy chico todavía y resulta un poco molestoso, así que ¡¿para qué hay que mencionarlo, si es odioso, como su papá?! Igual los quiero, pero el que más se ponía a hacerme bromas, además del Mino y mi papá, era mi Tatita.
Mi Tatita nació en el mismo lugar que yo, en Viña del Mar, un 8 febrero. Él vivía con mi Nanita en una casa y nosotros los visitábamos en los veranos, porque ahora yo vivo en Curicó. Paseábamos con ellos, íbamos a la playa, y recorríamos la feria artesanal. Mi Nanita nació en Viña también, se conocieron con mi abuelito en Viña, en el trabajo. Él trabajaba en la CRAV, era eléctrico mecánico industrial y después, ya más viejito, pusieron un quiosco con mi Nanita.
A mi abuelito le gustaban los juegos de cartas, el tetris (juego de encaje de piezas en forma lógica respetando ciertas reglas). Él era muy ingenioso.
Después de un tiempo el Tatita se puso un poco enfermo, no sé de qué, pero tomaba droga, que por supuesto le había recetado el doctor, no estuvieron pensando que lo hacía imprudentemente, ¿o sí? Bueno, seguiré el Testimonio: el siguió tomando ese remedio, y los efectos le producían hinchazón en la piel, parecía que estuviera un poco gordito, pero para mí estaba bien y, como siempre, seguía haciendo bromas. Un tiempo después el Tatita no parecía de buena salud, pero yo no me preocupaba porque sabía que no era algo grave.
Mucho tiempo después, a mi Tatita lo llevaron al hospital, pero, aunque era más grave, pensé que si yo no me preocupaba mis papás tampoco. Llegó un informe por MSN y nos dijeron que tenía un 30% de posibilidades de seguir con vida. Yo estaba preocupada, esa noche recé y oré lo más que pude. Al siguiente día mi mamá me dio la más triste noticia que jamás me han dado: “falleció el Tatita”. Me puse a llorar, mi hermano de lo más feliz, por que él no tiene ni idea lo que es fallecer. Fue un 20 de diciembre, murió en el mismo lugar en que nació, en Viña del Mar.
Me pregunté: ¿Por qué Dios es tan injusto? Se lo llevó y ni siquiera lo pude ver por última vez. Mi papá me explicó por MSN (porque estábamos en Curicó) que Dios es justo, porque se lo llevó antes de que le doliera, y no sintió nada. Él me dijo: “se fue con una sonrisa”. Para mí mi Tatita no se fue, se quedó, lo bueno es que se fue feliz, pero qué lata no haber visto su sonrisa. Después yo no me atrevía a verlo, no señor, aunque cuando me atreví, él parecía dormido y casi con su mismo color de piel.
Ahora yo creo que mi Tatita siempre nos cuida. Por ejemplo, mi hermano se cae y nunca le pasa nada grave. Gracias, Tatita, por acompañarnos.